lunes, 8 de marzo de 2010

Esto también es violencia de género


Las mujeres muchas veces constituimos, y lo reconozco, un grupo humano incomprensible. Si tenemos un tipo que nos persigue queremos ser Perdita Durango, y si tenemos un caballero inglés queremos a Jim Morrison, y si nos celan nos gustaría que se convierta en el Capitán Frío, y si es muy frío queremos que sea Otelo. Eso es un abc que no pondré en discusión. Sin embargo, tenemos que soportar actos de violencia como el de la foto que ilustra el post.
¿Me pueden explicar a qué mente degenerada, a qué sexista impúdico se le ocurrió inventar esta porquería del set de herramientas rosa? ¿Es para lavar las conciencias percudidas, y darnos un lugar en la sociedad que se parezca al de ellos?
Esto es el paroxismo de la discriminación. La hora pornográfica de la industria ferretera. Lo mismo que regalarle a una nena una mini tablita de planchar, una pala y una escobita. Con todo respeto para los delirantes padres o arcaicos abuelos, o siniestros tíos que otorgan un karma en forma de juguetito inocente a la niña que encima, y para pesar de sus conciencias se los agradece, pero sería mejor la nada misma que ese grillete lúdico que se les dio por comprar.
Lo mismo, exactamente lo mismo pienso de esta indescriptible mierda rosada. En la foto no se aprecia lo hondo del insulto, pero es que ni siquiera se trata de herramientas de verdad, que sirven para clavar una silla, poner un taco fisher en una pared, pelar un cable o cambiar un cuerito. No. Es una mentira decorativa que si la usás para trabajar, se rompe. Ah, eso sí. Es cool, pink. Rosa Chicle. Qué bien. El martillo se dobla al medio al segundo golpe y la pinza no sirve ni para depilarse las cejas.
Un poco de respeto. Cada una de nosotras se puede armar una cajita con herramientas que sirvan de verdad aunque sean de distintos colores y queden machucadas, viejas y se desafilen de tanto usarlas.
Este set lo pueden guardar para jugar a la manicura con Belén Francese mientras inventan rimas vergonzosas o para limarle las uñas a Maru Botana embarazada.
Pero hagan el favor de dejar de fabricar esas porquerías como si fuéramos a asistir a la Telescuela Técnica de la Pantera Rosa. Es tan hipócrita como decir “Todos y Todas” en un discurso.
Si La panacea de la igualdad de derechos viene en un pink tool set para arreglar los muebles de la casa de la Barbie, estamos al horno y con papas. Pobre Simone de Beauvoir, Alicia Morau de Justo, Virginia Slim, María Curie, Frida Khalo. Mejor que no despierten. Un siglo de luchas para que a un fontanero de cabotaje se le ocurra fabricar esta apoteosis de la discriminación femenina.
Si te encuentro, aprendiz de black and decker, te hago construir una réplica de la Torre Eiffel con ese puñado de herramientas pedorras.

jueves, 4 de marzo de 2010

El terremoto que nos parió

Es difícil sobrevivir en una ciudad separada sólo por 500 kilómetros del lugar en donde se produjo el mayor terremoto de los últimos 50, 100 años. Una está pensando todo el tiempo en que se le va a caer una viga en la cabeza mientras está durmiendo, en que se va a despertar directamente en el más allá, tocándole el timbre a San Pedro, en que si no tiene un paquete con cien velas, doscientas cajas de fósforos, un paraguas, un paracaídas, un bote inflable, una traje de neoprene, una balsa, patas de rana, una carpa para 8 personas, una motoniveladora, una retroexcavadora, un casco espacial, un equipo de parapente, un pararayos, un sol de noche, diez cajas de pilas, unas inyecciones de penicilina, cloroformo, un bisturí, hilo de sutura, suero glucosado, un tanque de agua mineral, 5 litros de alcohol fino, y una casilla rodante a mano, no va a contar el cuento. Pero lo peor, se los digo en serio porque desde el sábado 27 de febrero a las 3.34 de la mañana, es escuchar el rosario de pelotudeces que dice la gente en la calle, pero puntualmente, en el colectivo.
Nobleza obliga, esta vez no voy a echarle la culpa a los medios de comunicación, sino a los de transporte. Porque claro, es muy fácil cargar las tintas sobre el inmundo contenido de la tele, la desinformación de las radios, la falta de rigurosidad de los diarios, en fin, esa capacidad incalculable que tienen los medios de hablar, mostrar y escribir estupideces varias. Y no es mentira.
Pero tampoco es mentira que la gente, lo primero que hace es correr a sintonizar una radio, prender la televisión y fijarse si hay internet cuando pasa algo así. O sea, nos quejamos pero vivimos de esa conexión, de esa sensación de-estar-ahí-en-el-minuto-preciso-en-el-momento-indicado. Y vivimos puteando a los medios, que desinforman, que alarman y que aconsejan tirarse debajo de una mesa como si la mesa no se fuera a partir por la mitad con un terremoto de casi 9 grados. Digamos que los medios nunca salen airosos de esta clase de situaciones, van al banquillo y resulta que al final casi provocaron la catástrofe.
Pero la gente, con todo respeto simples mortales, la gente es una hija de puta. Yo que tardo unos 20 minutos en llegar a mi trabajo y que me convierto en integrante de un pasaje del que me gustaría abstraerme, desde que tembló no puedo dejar de escuchar, casi como un acto masoquista, como oler leche podrida, o mirar un perro muerto al costado de la ruta, no puedo dejar de escuchar las sarta de increíbles, inverosímiles versiones que los ciudadanos impunes transmiten en el colectivo.
De repente, todos se recibieron de ingenieros en construcciones, y saben que si un edificio estuviera construido sobre una base de merengue italiano no se hubiera caído sino que hubiera flotado. De repente todos tenemos un tío abuelo que conoció a un primo segundo de Nostradamus y que en 1565 predijo que el mundo se iba a correr de su eje en una madrugada de febrero del 2010.
Todos saben interpretar los sueños y tienen un contacto en facebook que diez días antes del terremoto dejó un mensaje en el muro de sus amigos diciendo “junten velas, compren cascos, porque se viene un terremoto y el gobierno lo quiere ocultar”, todos tienen “un video” a lo Jorge Rial, en el que se ve borrosa la imagen de la virgen desatanudos que viene navegando sobre la ola del Tsunami que taparía la Cordillera de los Andes en el 2010.
Digo yo, ¿qué condena hay para esa manga de inadaptados, alarmistas, boicoteadores de la ciudadanía en general, degenerados sociales que impunemente van sembrando el pánico de colectivo en colectivo? ¿Por qué no están incluidos en el Código de Faltas y penados con diez días de prisión efectiva los vende humo que se saben la historia del canillitas chileno que en lugar de gritar para vender diarios el viernes 26, pregonó el terremoto esa misma tarde y el gobierno lo mandó a reprimir?
¿Por qué no se los conmina a realizar trabajos comunitarios a los que aseguran que en diez días más tiembla acá y que Mendoza va a quedar divida, la mitad para San Juan y la otra mitad para Neuquén y en el medio va a brotar el océano Pacífico y van a llover brótolas durante siete días y siete noches?. Basta.
No los soporto más. Si quieren ir a llevar sus cuentos, paguen un espacio en FM Andrómeda y hagan un trasnoche con música de suspenso para contar sus remanidas y vulgares anécdotas, inventadas por el fiambrero. Si tantas ganas tienen de morirse, no vayan a contagiar a los demás, yo me ofrezco a empujarlos debajo de las ruedas del colectivo para que el final les llegue antes y no lo vayan anunciando reiteradamente.
Si tantas ganas tienen de morirse, es porque SE TIENEN QUE MORIR, DEBEN HACERLO, por el bien y la tranquilidad de los demás. Desde ya, cuentan con todo el respaldo de mi parte.

sábado, 6 de febrero de 2010

San Valentín no


Adoro que la gente se quiera, si fuera por mi, me encantaría que se cree una agencia matrimonial estatal, me parece formidable que los floristas callejeros ganen mucha plata y ojala el mundo entero estalle de amor. Pero déjense de joder con cuanta baratija yanqui encuentran por ahí, háganlo por mi, en mi honor, por mi salud mental!. ¿Es que nos vamos a enganchar con todas las festividades enlatadas traídas y por traer?
Ya he soportado estoicamente la baratez del día del amigo –como si por saludar a ciento cincuenta mil contactos te aseguraras que todos esos te dejarían dormir en su living si a las tres de la mañana se cerró la puerta de tu casa y te dejaste las llaves adentro –
La neo – pelotudez de Halloween – Lo siento por los hijos de los que lo hacen, pero si algún día un niño argentino, de padres, madres y abuelos más criollos que las tortas fritas, diciéndome “dulce o truco”, llamo a la policía-
La vomitiva estupidez de un Papá Noel tuneado como para soportar -18° cuando acá estamos sudando desde las 7 de la mañana del 3 de octubre, además de la invasión plástica de mares de pelotas brillantes, adornos bizarros, toneladas de turrones, frutas de otra estación y hectolitros de alcohol por milímetro de sangre. Eso sin contar las patéticas escenas familiares en las que no todos se hablan pero todos comen del mismo plato de sándwich.
Vengo arriesgando mi vida para no matar a alguien que me recuerda, con un calendario inventado por ellos, que hoy es el día “del trabajador civil” “del cazador de mariposas errantes” “el cartero de mensajería instantánea” “el peluquero que pone extensiones” “la trabajadora sexual con taco aguja” “el repositor de papas fritas” y el “afilador de navajas”. También me he contenido para no recordarles a los oportunistas de almanaque, que el día de “la tía”, el “ahijado” “el sobrino” “el primo segundo” y “la concuñada”, no existe más que en sus atribuladas cabezas.
De verdad, he hecho cuanto he podido para dominar la tolerancia, pero les advierto que San Valentín es demasiado para mi y voy a comenzar a disparar.
A ver si alguna vez dejamos de comprar el yanqui – pack. Hace 10, 15, 20 años atrás, el 14 de febrero era el día que venía después del 15 y antes del 16. Ahora, resulta que somos los abanderados del corazón de chocolate.
Tengo la sensación de que falta poco, muy poco tiempo para que a fines de noviembre se produzca una escasez en el mercado de pavos, porque vamos a celebrar el día de Gracias y el 4 de Julio nadie va a ir a trabajar. Por supuesto que no nos vamos a preguntar cómo sucedió, sino que estrenaremos unas lindas escarapelas azules, rojas y blancas para celebrarlo.

sábado, 5 de diciembre de 2009

Yo tampoco quiero hablar con vos


La gente en general me cansa muchísimo. No aguanto los llamados telefónicos de números desconocidos, no tolero ni un poquito la inutilidad y la lentitud, y me pone furiosa que los pasajeros que se suben antes que yo al colectivo paguen con 14 monedas de 10 centavos.
Tampoco soporto las esperas, ni la cajera del supermercado barrial que para ahorrarse una miserable bolsa te mete todo junto y cuando salís, se te corta la odiosa manijita, entonces se te rompe la mitad de lo que compraste y la otra mitad, queda prolijamente esparcida por el suelo.
No aguanto a los deliverys que llegan cuarenta y cinco minutos después de lo que te dijeron y nunca traen cambio, ni a los taxistas que redondean a su favor.
Pero creo que una de las situaciones que sacan lo peor de mi son las personas que te hablan sin que vos les hayas dado una endeble señal de querer trabar conversación con ellos. Esos que te clavan la mirada fijamente, y hasta que no le devolvés el favor, ahí están, escudriñando como fieras agazapas a su presa.
En la tarea diaria de un cronista, son muchas las veces en las que tenés que soportar el chubasco de ser fletado al infinito y más allá por el entrevistado al que le resultaste inoportuno, o simplemente no te quiere contestar. Pero señores, sépanlo: yo tampoco quiero hablar con ustedes! En verdad, sólo quiero hablar con muy pocas personas en este mundo: mis sobrinos, con Tuluz, con mi vieja, mis hermanos, mis amigos y el Nacho. De vez en cuando, he entrevistado a personas que me han dejado con la boca abierta y el corazón encogido de emoción, son los menos, contados con los dedos de una mano, pero los recuerdo puntualmente. Sin embargo, a diario, tengo que soportar los embates de una profesión no querida por casi toda la sociedad, y de esas nominadas para tener la culpa de todo lo que sucede sobre la faz de la tierra. “Es culpa de la prensa” “Los diarios publican cualquier cosa” “Lo que pasa es que vos no entendiste lo que te quise explicar” “yo no dije eso” “lo sacaron de contexto” “Ahora no te puedo atender, estoy en una reunión” “No tengo nada para decir”, son las contestaciones que recibo unas 130 veces por día.
A veces, entiendo, me pongo en el lugar del otro y entiendo. Y otras, tengo ganas de decirles la verdad: yo tampoco tengo ganas de hablar con vos! Si fuera por mi escribiría acerca de la floración del jacarandá los 12 meses del año! ¿Por qué se creerán exclusivos? ¿Por qué supondrán que yo tocaría el cielo con las manos si me dieran esa entrevista a la cual no quieren responder? Yo soy feliz con otras cosas. Si me levanto y encuentro inmediatamente los zapatos al lado de la cama. Si no me quedo dormida con los lentes de contacto puestos. Cuando logro terminar un libro y cuando descongelo la heladera antes de que se haga el glaciar Perito Moreno adentro, tan simple como eso.
Pero lidiar con un político que sé que me está mintiendo, con un funcionario que esconde el 90 % de información genuina, con un médico que se cree la encarnación de dios en la tierra, con un vecino enfurecido porque hace 20 días que no tiene agua y con un empleado público que hace cien años que no quiere trabajar, no es una tarea que siempre encuentro agradable.
Por eso, hagámosla corta, que nuestro contacto dure un suspiro. Dame lo que busco y desapareceré sin dejar mucha huella, y para cuando te des cuenta, ambos nos habremos olvidado uno del otro. Tus respuestas formarán parte de mi memoria más inmediata y vos no sabrás de mi hasta nuestro próximo olvido.

jueves, 26 de noviembre de 2009

Adicto a la redacción


Hoy quiero hablarte a vos, inadaptado social que no hacés otra cosa que trabajar, mientras el resto de los mortales estamos ocupados en algo mucho más urgente: vivir la vida.
Hoy quiero hacerte reflexionar, marmota rastrera que no hacés otra cosa que succionar los calcetines de tu jefe o jefa, y mientras los seres del montón (es decir, todos nosotros) sacamos la cuenta de cuántos minutos nos quedan para salir rajando del yugo torturante, vos disfrutás de quedarte a regalar tu tiempo en la empresa, negocio, sucio mostrador alienante detrás del cual te gusta quedarte encerrado, mientras el mundo gira, y pasam los otoños, inviernos, veranos y primaveras sin que te des cuenta, sin que sientas frío ni calor, porque total, dentro del apestoso cubículo donde ubicás tu repugnante existencia sin gracia, siempre hacen 25 grados.
Pero en especial, quiero dirigirme a todos estos parásitos que crecen en las redacciones, porque, nobleza obliga, primero está mi profesión periodística, y además, porque los que más me molestan son los que tengo más cerca. Aunque, reconozco que en el ejercicio de cualquier actividad remunerativa siempre hay alguna alimaña de estas que no disfrutan de la vida, y tampoco permiten que los demás lo hagan.
Díganme quien no tuvo alguna vez un compañerito de estos que han dejado de sentir gusto por la vida, y cuyas anécdotas se reducen a lo que hizo o dijo tal funcionario, al título que le ganaron a otro, a la notita que sacaron primero, y a la información que nadie tiene y que sus geniales cabezas se apuraron en conseguir…
Son los mismos que si no respiran un poco del monóxido de carbono que se cuece en una redacción, pueden morir de un ataque de aire puro en el parque.
Entran a trabajar a las mañana y se vuelven a sus agujeros a la noche, asustados de tener que conectarse con un pariente, familiar, amigo que no entienda lo que es título y bajada, fóbicos de entablar una charla con el verdulero, y desesperados por la falta de cafeína en sangre que proveen las máquinas expendedoras de ese brebaje negruzco que te carcome las entrañas.
Entonces, como no pueden arrastrar sus existencias plomizas, como se les oxidaron las persianas de sus cuchas por no abrirlas nunca, no tienen problema en cagarte lisa y llanamente la vida, trabajando más de la cuenta.
Cuando nadie lo quiere hacer, surge el solista de la pelotudez “yo lo hago, no tengo problema!”
A ese viaje que nadie quiere ir, él acepta participar, aunque se tenga que volver de un crucero por las Islas Vírgenes para hacerlo
Si hay una nota a las 3 de la mañana, él va, y le compra las pilas al grabador de su propio bolsillo.
Si no hay auto para concurrir a una entrevista en el fin del mundo, él presta el suyo, si no lo usa más que para estacionarlo frente al diario, revista barrial, semanario, o pasquín en el que se desarrolla su mediocre capacidad periodística, que el valora como una ciencia exacta y como el único sentido de su existencia
Hace 12 años que no se toma dos días de franco seguidos, porque los está juntando para un viaje que, por supuesto, nunca hará
Se volvió antes de las vacaciones porque “se le acabó la plata y qué iba a hacer tantos días en su casa”
Si, tuvo una relación en serio en su vida de la que no se acuerda muy bien, pero cree que fue a los 14 años
Sólo lee revistas de actualidad, consume diarios y está enchufado las 24 horas a los medios digitales
La última vez que no trabajó un domingo fue cuando hizo la primera comunión
En definitiva, si tuviera que vivir la vida, debería alquilarse una.
Por mi, podría seguir vegetando perfectamente en su nube de papel de diario, que me daría exactamente lo mismo. Pero hay un detalle: estas personas nos traen problemas a los que nos gusta disfrutar de nuestra existencia, de los que regamos las plantas, hacemos de comer, caminamos en patas por la casa, nos juntamos con los parientes por más desarmadas que tengamos las familias, y nos rascamos la panza de vez en cuando. Y si hay algo que me produce una furia incontenible, es que me los pongan de ejemplo.
Porque si el pelotudo que está atado con un grillete a la pata de su escritorio por su voluntad propia, quiere seguir ahí, Adelante! Yo lo ayudo a cerrar el candado y me trago la llave así no la encuentra nunca más.
Ahora, ¿sería posible que se ahogara en su mar de boludez solo, o yo lo tengo que ir a admirar? ¿Tendría que ahogarme con él para imitar tanta virtud?
Querido adicto al trabajo, quiero decirte que te podés ir bien a la concha de tu madre, aunque eso te quedaría lejísimo de la redacción, y no sé si soportarías el exilio.

miércoles, 7 de octubre de 2009

El pez por la boca muerde (o cómo salir airosa de la discusión)


Cuántas veces te ha pasado, amiga, cuántas… Justo en esa pelea, en ese momento clave en el que tendrías que haber tenido el remate a flor de labios, tuviste que retirarte con el sabor amargo de no estar diciendo lo suficiente, en el instante indicado. Te ganaron por abandono, y desapareciste mordiendo el polvo de la derrota verbal… Pero lo peor no es eso.
La más patética de las sensaciones viene después, cuando una vez en la paz de tu hogar, se te empiezan a ocurrir todas las contestaciones que no pudiste ni siquiera imaginar en el campo de batalla…
A cuál de nosotras, después de un entrevero antológico, de esos de perro y gato con un jefe, marido, amante, cajero del supermercado, empleado de banco, cobrador de impuestos, abogado defensor de ex marido, o ex marido en si, no le hubiera gustado decir la maravillosa frase de Bridget Jones “Prefiero lavarle el culo a Saddam Hussein que estar a 50 metros de ti". Descartadas las apreciaciones sobre la calidad de muerto de Saddam, -bien podríamos decir, “prefiero lavarle el culo a George Bush” para hacer aún más aborrecible la comparación- no hay placer más maravilloso que se te ocurra la contestación exacta en el instante elegido para dejar atónito, sin aliento, callado, boquiabierto y totalmente off side, al renacuajo que te hostigó, al vil gusarapo que te amenazó, al sucio ruin que te torturó la cabeza, haciéndolo sentir un triste perdedor del lenguaje.
Porque mientras él te mira dando lengüetazos de ahogado, vos te vas, exultante, girando sobre tus talones y despareciendo para siempre de su radio de acción envenenado.
Sin embargo, no siempre podemos retirarnos con el dulce sabor de la palabra cumplida. A veces tenemos que dar el brazo a torcer, y reconocer que nos quedamos cortas, que no dijimos ni lo justo, y menos lo necesario. Que nos mandaron al descenso de la primera línea de la discusión verbal, y que, si bien el pez por la boca muere, el pescado seguramente muere por su mudez.
Por eso, loas a Briget, nuestra guía espiritual. Odas a quien delató al jefe acosador delante de toda la oficina, salud por ella!.
Invoquémosla antes de cada embate para que su rapidez de reflejos y su acidez de lengua nos ilumine y lo dejemos knockout en la discusión, que es en el lugar en el que verdaderamente se bate al enemigo.

miércoles, 22 de julio de 2009

Los cinco hijos de puta clásicos de los que las mujeres se enamoran en las redacciones


A todas las mujeres que trabajamos en los medios, nos ha pasado alguna vez de enamorarnos de uno de estos cinco ejemplares de hijos de puta. Yo sé que la tipología se adapta a cualquier profesión, sin embargo, elijo concentrarme en la mía, porque no me gusta hablar de lo que no conozco. Estos ejemplares, amigas periodistas, todas los conocemos, o al menos, tenemos una amiga que llegó a sentarse en el escritorio de al lado, el domingo a la mañana después de haber llorado como una niña de quince hasta las cinco y de haberse atiborrado de alplax. Bueno, para ustedes, chicas, mi sencillo homenaje, no sin antes, dejarles una reflexión final: Todas somos unas boludas, y deberíamos tatuarnos la L en la frente, porque nadie nos obligó a tener a ninguno de estos muertos en el placard, y no obstante, los tenemos.

Los cinco hijos de puta que se pueden hallar en una redacción y con los que seguro te acostaste alguna vez (o estuviste a punto de hacerlo)


1)- El poeta maldito (un boludo que escribe las mismas notas remanidas que todos escribimos y sin embargo le planta dos o tres metáforas en el medio y ya se siente Rimbaud) El poeta maldito sigue siendo igual toda la vida, de viejo porrea un poco menos, pero sigue escribiendo boludeces lacrimógenas, que no tienen ni la más remota alusión al periodismo. El papel, como algunas mujeres idiotas, aguanta todo.

2)- El niño abandonado: una especie parasitaria que siempre se puede hallar en una redacción. Generalmente tuvo algún problema familiar real, cuando tenía entre 2 y 7 años, que podría haber superado con terapia, pero que le viene joya a la hora de querer que alguna boluda le de el ok (me ha pasado, puedo dar fe) Sus otras versiones son: el niño huérfano, el niño no deseado (funcionan igual)

3)- Dr Jackyll - Mister Hyde: Este da más en el perfil de los editores. Es una especie de cordero con piel de lobo y no al revés, que la juega de confundir a las chicas, y tratarlas pésimo cuando está de buen humor, y bien cuando carajea a todo el mundo. Es el típico "rústico al que hay que domesticar", y algunas se lo proponen como un desafío, como bajar 20 kilos en un mes o dejar de fumar en 24 horas. Asumámoslo: El querer cambiar a sujetos a los que se les nota a la legua que quieren seguir siendo así toda la vida, es un defecto exclusivo de nuestro género.

4)- El pensador (Típicos ejemplares de diarios digitales) También lo podés encontrar en su versión columnista, editorialista, opinólogo. Es el clásico que hace 152 años que no sale de una redacción, y piensa que puede disertar sobre cualquier tema, y darle a la gente la herramienta para decodificar todas las payasadas que suceden fuera y muy lejos de su cubículo. Lo peor es que no tienen ni siquiera que ser lindos, y cuidarse un poco, no... las mujeres les damos bola igual... Lo rescatable de estos seres degenerados, es que se saben muchas palabras. Básico leer el diccionario todos los días. Porque en verdad, reflexionan con los mismos argumentos que la panadera de la esquina, pero se sienten Juan José Sebreli.

5)- El pseudo outsider. En general, es un vago. Un vago total que no quiere trabjar y que para zafar, dice que se rige por principios laborales diferentes a los de todos los demás. Quiere publicar una nota por mes, escribir sobre la floración del durazno y salir en la tapa del diario. Ese maestro se engancha siempre una mina a la que le gusta mostrarse por ahí con un freack del ambiente. Generalmente fuma como un murciélago, toma como un irlandés en San Patricio y aspira como un oso hormiguero. Pero a nosotras eso de andar recuperando adictos y llevando gente sobre nuestros hombros, nos enternece muchísimo!

Todos estos muchachos, vienen en versión "Casado-pero-estoy-a-punto-de-separarme-porque-mi-mujer-no-entiende-esta-profesión-que-suerte-que-vos-me-entendés" y "no-me-casé-nunca-porque-ninguna-mujer-entendería-esta-profesión-que-suerte-que-vos-me-entendés"

En fin, sé que algunas de mis amigas me van a decir "A vos te habrá pasado, porque lo que es a mi, nunca", y les creo. Sólo que conozco a más mujeres que se enroscaron en una relación de estas que las que nunca tuvieron el placer de acompañar a uno de sus amantes a vomitar al baño, o pasarse toda la velada romántica escuchando un compendio de anécdotas profesionales de un ególatra, que en otro contexto resultarían tan divertidas como quedarse un sábado a la noche escuchando un disco de Copani.
A todas las que sí reconocen que se tuvieron que gastar guita en psicólogos y en corrector de ojeras, y para las que pudieron zafar, mis felicitaciones, y a las que no, reaccionen, chicas! Vistos desde lejos, estos liliputienses mentales son tan interesantes como un mozo, un lustrabotas, un cobrador de seguros o un payaso. Nada más que a la luz de las redacciones, todos se ven como un proyecto de Lanata en la piel de Benicio del Toro. Pero todos y cada uno de ellos, creanme, chicas, terminan destiñendo