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sábado, 31 de diciembre de 2011

Te absuelvo, 2011


No quiero ser injusta con vos, 2011. La verdad es que empezaste como el culo y continuaste peor.
Durante tu lento transcurso por mi vida,
Me separé, me desilusioné, renuncié, cambié, acepté, adelgacé, me emborraché, vomité, me enrosqué con gente que no valía la pena, perdí energía, me arrastré al gimnasio nadando en depresión, lloré como pa’ llenar un río, me salieron algunas arrugas nuevas, no dormí muchas, muchas noches.

Pero, también me animé, desperté, crecí, cambié, encontré, agradecí, me enrosqué con gente que sí valía mucho la pena, vi a Silvio en vivo, y me enamoré.
Digamos, 2011, no nos debemos nada. Hemos salido 50 y 50.

Empezaste como el culo, es verdad.
Pero al fin, rendiste todas las asignaturas pendientes y te promoviste al curso inmediatamente superior.

Por eso, si el mundo se decide a terminar en el 2012, lo bien que hace, estamos mano a mano

Salute a todos los que dejé por el camino, ¡buona fortuna!,espero no encontrármelos jamás! y a los que vinieron, bienvenidos, por algo están en mi vida...
Están invitados a tomar el té con Alicia.
Feliz 2012 para todos

viernes, 29 de abril de 2011

Feliz día a mi vieja Amparo


Hoy es tu día, vieja. La verdad, te debo varias y otras tantas vos me debés a mi.
Me debés, no sé si te acordás –no es reproche, son solo recuerdos compartidos- una mesa que te masticaste, un jarrón que de devoraste, un chal verde que me encantaba y te lo engulliste, mis velas perfumadas, que deglutiste un día de avaricia emocional, las idas al veterinario de noche porque a la señorita perra se le ocurría desgañitarse en cualquier horario, el chalequito de la operación –me diste más trabajo que una suegra- las inmensas montañas de pelo que tengo que sacar de mi casa dos veces por año y unos 5000 kilos de alimento para perras complicadas, que no comen otra cosa porque sino se enferman, la media sombra del pasillo que se hizo añicos el día que te creíste super héroe voladora, la vergüenza de haber querido asesinar a la caniche toy de al lado de mi casa, (te confieso que también me caía muy mal, pero no era para perforarle un pulmón tampoco). Todo eso me debés.
Y yo te debo. Te debo la compañía que me hiciste cuando tuve que rendir Epistemología en la facultad. Te acordás, vieja? No entendía nada. Lloraba a cada rato de terror de ir a hacer un papelón en esa mesa. Ya no sabía como sentarme para estudiar en la madrugada, con un frío que partía los huesos. Y vos te sentaste a los pies del escritorio, a velar semejante pesadilla, me mordiste las suelas de las zapatillas en señal de compañerismo animal. Me acuerdo cuando rendí, me fuiste a buscar en el dogde 1500 a la facultad, toda circunspecta, como sabiendo que habíamos triunfado.
Te debo haberme cuidado de noche, cada vez que me he sentido sola.
Te debo tu cara de feliz cumpleaños cuando llego a la casa, aunque no te de mucha bolilla, porque la verdad, sos muy hincha pelota, Amparo.
Te debo tu fidelidad,
Tu insistencia perruna en quedarte conmigo, cuando hemos roto relaciones varias veces,
Te debo, principalmente, ser mi pariente más cercana.
Te debo el respeto que los amigos veteranos se merecen.
Te prometo bancar tu respetable vejez, que me da una especie de melancólica ternura.
Vendrán otras mascotas a mi vida, quizás, pero vos me bancaste muchas crisis, y yo en eso, querida Amparo, soy más fiel que un perro. Feliz día, un banquete de dog chow adulto, del bueno, para mi más querida compañera.

viernes, 11 de febrero de 2011

Por qué odio el "día D"


En serio, asumámoslo de una vez: no es normal que la gente necesite un día para festejar cada cosa. Día de la enfermera, del médico, del jardinero, del maestro, del amor, del sobrino, de la secretaria, del odontólogo. Esa afición a llenar agendas, comprar calendarios de mano para no olvidar, para saber qué día, en qué momento, a qué hora enviar el regalito, recordatorios en el celular. Estrés en estado puro.
Esa inmensa máquina de producir objetos, un día nos va a aplastar. vivir ya es suficientemente complicado sin tener que tener en cuenta esos detalles, ese ruido en nuestras agendas.
Dentro de poco no existirán días libres. Habrá que inaugurar una vida paralela para llenarla de fechas para cumplir.
Yo me acuerdo del día que escuché hablar por primera vez de Piñón Fijo, por ejemplo, cuando aún era un payaso desconocido, actuando a la gorra en las peñas de Córdoba. ¿Eso tiene algún valor para la sociedad? ¿Podría inventar una fecha que me recordara el día que escuché por primera vez hablar de Piñón Fijo?
No creo que a nadie le interese eso. A mi tampoco me interesa el día que se murió un santo que parece que tenía un aire a Roberto Galán.
También recuerdo, con una melancolía infantil, el día que canal 13 dio por concluida la noventosa serie Clave de Sol. Fue un terrible momento para mi, que era su fan número uno.
¿Podría toda la sociedad acompañarme en ese recuerdo? Sé la respuesta. Entonces, ¿por qué tendría yo que celebrar que un coro de niños cuyos padres se golpearon la cabeza festeje Halloween?
Basta con las fechas. Si no tienen en qué gastar su dinero, si buscan una excusa para justificar su adicción a la compra compulsiva, inventen un calendario propio y láncense a las calles a acallar ese animal desbocado que devora objetos. No involucren al resto de los mortales en esa necesidad con fecha de vencimiento.

viernes, 24 de diciembre de 2010

miércoles, 6 de octubre de 2010

Reflexión de vida acerca de la semana del huevo


Para los que no lo sabían, estamos transitando la imponderable semana del huevo. Sinceramente no tengo datos certeros sobre quién inventó, impuso o instaló esta genialidad, pero la verdad es que ya se encuentra formando parte de nuestro calendario primaveral. Entonces, y teniendo en cuenta que la realidad nos superó y que octubre se convirtió en el mes con más huevos de todo el largo año, me valdré de esta oportunidad para enviarle mis salutaciones cordiales a los que, a lo largo de mi vida, me rompieron soberanamente los huevos, pero con mayor intensidad, quiero recordar a los que me resultaron tan insoportables como un profundo, agudo e inaguantable dolor de huevos (o de ovarios para ser más exacta).
A todos ustedes, los que en algún momento afectaron como una fiebre tropical a mi existencia, impidiéndome respirar con regularidad, quiero expresarles que, aunque me ha costado tanto como escalar el Aconcagua en un monociclo, he adquirido una sabiduría muy especial, un pensamiento filosófico cuasi oriental que podría resumir en una frase: hoy, queridos parásitos existenciales infecciosos, si volviéramos a empezar y nuestros caminos se cruzaran fortuitamente como ocurrió alguna vez, hoy seguramente me chuparían un huevo.
Los recuerdo gratamente y les mando mis bendiciones.