viernes, 27 de junio de 2008

La novia en negro II: la rebelión.


Para que todos lo sepan: la novia en negro se cansó y colgó el ramo de flores artificiales. Esa bondad sumisa y la sumisión forzada a la que fue practimente sometida, terminó. Se acabó. Las novia en negro se rebeló.

Eso de volverse en la mitad de la noche en taxi a su casa porque el susodicho no la invitó a quedarse, y no fue capaz de sacar el auto del garage para llevarla a la puerta de su casa, no va más. harta de tanto papel de pobre clara, la chica que andaba en el borde de la nada entre un noviazgo ilegal y una ilegalidad reglamentada, se fue a inspeccionar otras latitudes y se llevó la agenda.

Pero, cuidado. Jamás confíes en su bondad. Cuando la novia en negro se va, deja un remolino, un tornado tras de si.

Se va a ir, pero despotricando su verdad a los cuatro vientos. Se va, te deja por fin dormir toda la noche de corrido, pero ni vos, ni tu entorno se olvidarán de ella.

La novia en negro es como la novia de Kill Bill.

Siempre regresa, y está furiosa.

sábado, 14 de junio de 2008

LA NOVIA EN NEGRO


Para quienes se crean que estoy escribiendo una crítica o comentario sobre una película de suspenso, pues no...... se están equivocando. Hablo de esa instancia en la que solemos caer algunas embobadas, que es la de convertirse en la Novia en Negro de un sujeto.
Ser la novia en negro, la novia contratada, no es mi querida lectora, equivalente a ser la amante de alguien. No definitivo.
Se trata de una relación que fluctúa en un inmenso universo de "nies" (ni es esto, ni es lo otro) puesto que la elegida para ocupar el lugar de Novia sin estar en los libros pasa por el mismo cedazo que una novia clase A, léase lo invita a comer al señor, lo escucha, se ven una película juntos, ella lo banca a que él se decida, pero no le cuestiona mucho por miedo a no verlo nunca más, le acepta que no le conteste los mensajes de texto sino cuando él tiene ganas, le soporta las críticas, y no tiene mucho margen a hacer las suyas propias....
pero no es jamás merecedora del blanqueo.
Lo que digo es que, ser la novia en negro no es lo mismo que ser la amante del sujeto.
primero porque una siempre está esperando el pase a planta,
segundo porque a la amante se la venera y recompensa de alguna u otra forma
en cambio la zoqueta novia en negro se banca solita los taxis, de ida y vuelta a su hogar, no pide, no molesta, no cuestiona, está esperando abrazada al teléfono, pero si la llamada o sms nunca llega, y aunque tenga ganas de ir a la casa del susodicho con un palo y romperle la cabeza a garrotazos, nunca lo hace. La próxima vez que tiene noticias de él se pone tan feliz como si le hubiese llegado una invitación a París!!!!!!!!!
Se conforma y adapta a la función y estado de ánimo del versero, se ajusta a sus tiempos y espera pacientemente ganarse el puesto y dejar de hacer la pasantía en el noviazgo sin papeles. Pero mis queridas y nunca bien ponderadas Novias en Negro, a ustedes les digo: tienen el 140% de las posibilidades de que ese momento nunca llegue.
El tema es que al no darse cuenta a tiempo se pierden las posibilidades de ir en busca de un mundo mejor..... que existe y quizás las esté esperando en el lugar más inesperado, pero con esa persistencia y afición al fracaso afectivo, van por el peor de los caminos.
Hay que animarse a más y renunciar a la realización de ese voluntariado eterno.
Ser la novia en negro de alguien tiene menos onda que agarrarse los dedos con la puerta, basta de pasarte los sábados a la noche encerrada en su casa llamando al delivery. Es el momento de huir! más vale conseguir un humilde puestito de telemarketer con todas las de la ley en una relación modesta, que esperar que se te de la gerencia en la vida de ese discapacitado afectivo.

jueves, 1 de mayo de 2008

El periodismo me gusta, los periodistas no


Los y las que ejercen mi profesión -al menos algunos de ellos - me van a saber entender. Cuando empecé a trabajar en un diario, y más aún, cuando me inmiscuí en el mundillo periodístico fui teniendo cada vez más claro un sentimiento hacia mi profesión: el periodismo me gusta, pero los periodistas no. Es que en el corto tiempo que llevo ejerciendo la noble tarea de cronista, he conocido gente de todo tipo. Personas con distintas necesidades, pobres, ricos, fachos, travestis, ladrones, niños enfermos, grandes enajenados, jóvenes alienados, ultrareligiosos, discapacitados, incapacitados, buenos alumnos, alumnos violentos, maestras ejemplares, viejas y viejos avinagrados, funcionarios destacados, políticos negociadores, garcas de todo tipo, inútiles a pedal y espécimenes dignos de olvidar o de incluir en un insectario. Sin embargo, todo vale. Eso es lo noble y lo apasionante del periodismo. No saber con qué se va a encontrar uno en el devenir de la jornada de trabajo. Ahora, hay algo con lo que seguro, segurísimo una se va a topar: es con el ego de los colegas. Es que el periodismo es una profesión de ególatras pseudoestrellas que suponen que el mundo gira y las agendas se mueven porque ellos están allí, detrás de las noticias. Suponen que instalan temas, que bajan y suben a personalidades de la palestra, que asumen el rol del defensor del pueblo y que gracias a ellos los demás brillan, puesto que nadie brilla con luz propia, sino a través de su reflejo.

Están esos, a los que en verdad, detesto. Es tan desagradable cruzarlos por ahí y hacer de cuenta que no me molestan! que hasta a veces no lo puedo disimular demasiado.

Pero no sólo de egos vive esta profesión. También están los psicópatas laborales. Unos seres envenenados por adentro, que esparcen su líquido contaminado por fuera. Esos que no te pueden ver bien, que se apoderan de tus francos, que te traban una nota porque si, que se apasionan si te te tienen entre manos. Peligrosos porque a veces están camuflados de buenos tipos. Pero la locura los pone a prueba de vez en cuando, a ellos y a una, que puede identificar cuan entrenada está para no asesinar gente que se merecería que alguien la sujete por la solapa, la revolee tres metros y la haga practicar el vuelo de superman por la ventana más cercana.

Es una lucha esta profesión tan vapuleada, con unos suelditos tan pequeños que sólo pueden sostenerse apoyados en el extra de la alimentación del ego que proporciona el cartel con la firma, la nota de tapa y el llamado del funcionario de vez en cuando para tantear terreno. Lamentable, pero cierto. Los periodistas muchas veces nos conformamos con que nos atiendan rápido el teléfono y con un ágape de vez en cuando. Ah!!!!! y con creernos que alguna vez le movimos la aguja a alguien y la temperatura de un gobierno se modificó a través de nuestra pluma torcida.

martes, 22 de abril de 2008

El peligroso encanto de un anti-hincha


Este es un cuentito como para que caigas en la cuenta de que no todo lo que brilla es oro......(cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia, por supuesto, como todo en este blog)

Corría el año 2006 y las casas de electrodomésticos no daban abasto para responder a la venta de televisores de pantalla plana y otros adminículos electrónicos para que los muchachos disfrutaran a pleno del mundial de Alemania.

Desde allí, apoltronados en sus sillones y con el control remoto incrustado en la mano, los señores de la casa no existían más que para abrazar sus camisetas, llorar sobre la pantalla – de alegría o tristeza, intermitentemente – y nada en el mundo parecía ser visible, más allá de lo que sucedía en la cancha, siendo incluso capaces de ignorar a Angelina Jolie desnuda y saludándolos por la ventana.

Estos son los momentos propicios para que muchas chicas confundidas, cometan las peores equivocaciones de sus vidas.

No es por justificar, pero sintiéndose ignoradas y poco tenidas en cuenta, se lanzan a las calles, copan los shopping o se internan en bares hasta que la tormenta futbolística termine y puedan volver a tomar posesión del hogar, hasta el momento copado por una horda de hombres embravecidos y mentalmente impedidos de reaccionar por otra cosa que no tenga forma de esfera.

En este paraíso futbolístico para algunos, cadalso deportivo para otras, mi amiga Ana se enamoró de un tal Santiago. Un mal bicho si los hay, un mentiroso de la primera hora, un vendehumo inescrupuloso, pero con una virtud difícil de dejar pasar por alto: Santiago odiaba el fútbol.

Ana, una chica del montón y acostumbrada a una existencia a medias, en pareja desde hacía años con un muchacho básico cuatro puertas, más bien tirando a Homero Simpson que a Rolling Stone. Amante empedernido del balón. El señor en cuestión, (resguardaremos su nombre por obvios motivos de conservar su reputación en el café) parecía revivir cada cuatro años: sólo cuando en el fútbol se juega un mundial. Durante el mes del gran torneo, caía más que nunca en una especie de ensoñación o trance. Una barrera difícil de superar hasta para Jolie como la parió Dios, ya lo dijimos.

La chica, un poco hastiada de tanto tiempo de descuento y definición por penales, se apartaba del televisor, en busca de mejores horizontes.

Hasta que un día lo vio. Sentado en la esquina de un bar, leyendo descaradamente un ejemplar de “El poder de la palabra”, un sábado a la tarde, mientras la ciudad hervía frente al televisor, viendo a Argentina ganarle a México.
Los ojos de ella se clavaron en el él, en el libro, en él otra vez y después en el libro. Le llamó la atención que al sujeto no pareciera interesarle nada más en el mundo que lo que se encontraba encerrado entre las tapas y el lomo de aquel ejemplar.

Tanta observación repercutió en el sujeto, privado de todo encanto físico él, pero con una actitud más que inquietante, al menos en este contexto monocromático.


Ana tardó aproximadamente diez minutos en hilvanar una frase para explicarle a Santiago qué hacía mirándolo sin ninguna vergüenza social, y menos de tres o cuatro segundos en enamorarse, en el living de su casa, mientras él se mostraba serenamente astenio al vicio futbolístico.

Parecerá quizás una frivolidad extrema, pero estas cualidades, señores, a las chicas muchas veces nos enamoran. Sin preámbulos ni evaluaciones, siendo poseedores de la virtud de ser indiferente ante la causa de nuestras desventuras, creemos que el susodicho del que nos acabamos de prendar, es una especie de reencarnación de Buda, Einstein y Leonardo Da Vinci, todos juntos y al unísono en un solo ser.

La historia fue bien corta. El idilio duró menos que Argentina en carrera por ganar la copa. Pero más corto aún fue el tiempo que el tal Santiago se tardó en comenzar a demostrar todas sus demás cualidades, no sólo la de la aversión a la pelota.

Porque, queridas mías, convengamos: un hombre al que no le gusta el fútbol, prolijo, solitario y buen amante, que elige un idilio de autor mientras Argentina se juega la clasificación a la próxima ronda, es al menos un psicópata en ciernes.

Pero lamentablemente, cuando una está enceguecida por el espécimen que tiene enfrente, no hila tan fino. Y cuando te querés acordar, estás en la puerta del horno, lista para la cocción, adobaba y con papas y todo.


En otras palabras, el mundial pasó, el planeta volvió a girar sobre su eje, el marido de Ana se restableció de su convulsión deportiva, se despegó del sillón y devolvió el control remoto al uso familiar. Pero la vida había cambiado a su alrededor. Sin saberlo, de pronto ya no eran dos, eran tres. En verdad dos y medio: porque de pronto, y sin dar mucha explicación, el adverso al fútbol desapareció.
Se esfumó como la copa del mundo para Messi y Teves.

El celular de Ana dejó de sonar a cualquier hora del día, y ella abandonó el hábito de salir de casa sin hacer ruido en mitad del partido. De pronto mi amiga había perdido un marido y extraviado un amante, casi al mismo tiempo y sin mucha posibilidad de procesarlo.

Nada más una cosa tuvo clara, desde ese día en adelante. Algo que aprendió como regla, mandamiento, ley imposible de quebrantar: apoltronados en sus sillas, delante del televisor antes de que empiece el partido, abigarrados de cerveza y con un botón de la camisa abierto porque la prenda cedió ante la imposición de una panza prominente, los hombres pierden el 45% de su atractivo. Sin embargo, mejor emprender la retirada frente al que te dice, desde su más íntegra masculinidad, “Ah, no sé contra quién juega Argentina, no miro fútbol”. Huyamos hacia la derecha, Hannibal viene marchando.

sábado, 22 de marzo de 2008

La soledad es un mensaje de texto que no llega


No me digas, amiga, hermana patética de más de treinta, que nunca te sentiste más sola que después de quedarte todo un fin de semana esperando un mensaje de texto que no llega.

Porque un mensaje de texto no es lo mismo que una llamada telefónica o un mail: un mensajito no se le niega a nadie!!!!!. El problema es que a veces, nadie tiene algo para decirte, ni siquiera quitándole las vocales para escribirlo más rápido.

Entonces, empezás a considerar todas las posibilidades por las cuales no te llega el sms esperado, dejando fuera, por supuesto, la consideración que más se acerca a la realidad: nadie te quiere escribir!!!.

En primer lugar, comprobás si te funciona bien la línea. Llamás al asterisco correspondiente a tu compañía de celular y te das cuenta que lamentablemente la línea está en perfectas condiciones, no así tu ego.

Después, pensás que el sujeto no – escribiente, tiene algún problema con su propia compañía telefónica, le hacés un toque emitiendo mostrar tu número para no quedar como una desesperada Penélope virtual.

Pero no, no… el chico te atiende sin demoras. Descartadas otras tantas posibilidades: que no tenía señal, que le robaron el tel, que se lo olvidó en un bolsillo, que le mojó, rompió o incendió. De eso nada: la única opción que queda en pie es la de la falta de crédito. Pero en el fondo, sabés que existe la recarga de emergencia, los artilugios no se agotan si el interés tampoco.

Siempre quedan otras cuestiones a tener en cuenta, pero son más cercanas a la ciencia ficción: por ejemplo, que el dueño del teléfono no agendó tu número, y que sin querer borró todos los mensajes de la bandeja de entrada… me ha sucedido, pero en general, coincide con una marcada falta de interés en el remitente.

En serio, chiquita que estás sola y esperas, no hay alternativas: Cuando un sms no te llega, es, lisa y llanamente, porque no hay quien lo envíe.

De nada servirá que pongas el teléfono en silencio, para que al menos te quepa la ingenua posibilidad de mirarlo de vez en cuando, menos que lo apagues, porque, te tengo una triste noticia: cuando lo enciendas y no entre el mensaje inmediatamente, te vas a deprimir más!.

Tampoco que escribas primero: porque si no hay devolución, te vas a sentir dos veces más tonta y patética. Y si te contestan, siempre te va a quedar el mal sabor de haberle provocado una cierto benevolente sentimiento de gratitud al otro, que se muestra condescendiente y solidario, ni más ni menos que eso.

En fin…..si decidiste comprarte un celular, estás condenada: los fines de semana que no tengas que hacer nada más que esperar el sms de tu desvelo, no te va a llegar. Y cuando te programes hasta el último minuto de tu viernes y sábado, porque más vale estresada que deprimida, el maldito aparatito sonará, inoportunamente, cada diez minutos, trayendo todos esos mensajes de texto que en otro momento de sano patetismo, te hubiesen hecho tan feliz……y ahora sólo son una aguja en el pajar de tu casilla saturada.

lunes, 10 de marzo de 2008

Un momento impostergable: me quieren salvar de morir soltera


Lo peor de estar sola no son los peligros externos. Eso se soluciona con rejas y un cuchillo debajo de la almohada. La etapa más peligrosa es tener que resguardarse de la buena voluntad de toda una familia, qué digo de toda una familia….más bien de toda la sociedad en su conjunto!!!!!!!!! Es que para el resto del mundo, es decir, para todos los que integran la parte del globo de-los-que-tienen-un-palenque-donde-rascarse, los que integran la mitad de los solos, la soledad es una especie de sarna, sin gusto y que pica mucho.

La gente normal, la que va al supermercado a comprar los cereales del tigrecito, la que departe de vez en cuando con los amigos juego de mesa mediante, la gente que se compró con esfuerzo un Renault 12 y ahora lo piensa cambiar por un ford sierra modelo 85’, la gente media de clase media…. ESA ES LA QUE TE QUIERE BUSCAR COMPAÑÍA.

Porque, seamos sinceros, no hay peor soledad que la de la clase media.

Los pobres nunca están solos. Los ricos están acostumbrados. Pero la clase media padece la soledad horriblemente. No tener con quién ir al cine, tomarse un café o mirar los avisos clasificados es, decididamente, un padecimiento de lunes a jueves, un horror el viernes a la noche, una tortura el sábado y un suicidio el domingo.

Por eso, comienzan a llover las geniales ideas de parientes, amigos y compañeros de trabajo, entre otros solidarios que buscan que abandonemos la solitarias playas de la melancolía y nos subamos al crucero de la diversión colectiva!!!!!!

Lo que se viene después es siempre muy parecido a un desfile de máscaras de carnaval, en la que vertiginosa carrera para que dejemos atrás las pilas de cajas de carilina.

Pero, no nos engañemos, el resultado de la desesperación de los demás puede ser la puerta de entrada a un laberinto de furia (la nuestra) de la que no nos será fácil salir.

Los resultados de las presentaciones pueden ser horrorosos.

“Es un poco más petizo que vos, pero tiene tu misma onda” (seguro que resulta ser un enano impagable, o un boludo importante, ¿por qué la gente confunde “boludez” con “onda”?)

“Si no te habla al principio es porque es tímido” (en los diez primeros minutos de la salida me aburrí más que viendo la película “El Arca Rusa”)

“Es divino, no sabés lo atento que está a sus hijos”

(-Hola? -Si, hola, mirá te quería explicar que no te voy a poder pasar a buscar porque Marita tiene fiebre, 36 y ½, pero me quiero quedar acá por si le sube más”
-Pppppero………Marita tiene 18 años!!!!!
-Ah, vos porque no tenés hijos, para un padre los hijos siempre son chicos…………
- tu tu tu tu tu tu tu tu …………………….)

“y, lindo no es………..pero no sabés la plata que tiene!!!!!!!” (resulta ser que no sólo que no es lindo, sino que ganó el primer premio en el concurso de “elegí tu propia careta”, encima se compró un celular corporativo con la madre……)

Decididamente, la cosa se pone peor cuando tu entorno se da cuenta que a pesar de los esfuerzos, tu soledad se está volviendo estructural. Quieren salvarte antes de que sea demasiado tarde y los principios activos de la sociabilidad de la raza humana comiencen a desvanecerse en tu información genética.

Tu madre se cuestiona la posibilidad, horrenda por cierto para ella, de que NUNCA LA CONVIERTAS EN ABUELA.

Tus amigas ya perdieron la cuenta de cuántas veces te arengaron una relación para que te dure, y tus hermanas/os temen que sus hijos sigan tus descarriados pasos.

A esta altura, cualquier opción parece ser buena……..¿regalarte un perrito? ¿comprarte un helecho? ¿criar los niños de otros? ¿buscarte un curso de inglés, manualidades, plomería Express?

Bueno, bueno…. A no desesperar. Lo bueno es que siempre se pueden inventar excusas, y de eso se trata el próximo capítulo.