domingo, 5 de septiembre de 2010

Adictas a las relaciones de outlet


Quien se acercó alguna vez a oler leche rancia, se clavó agujitas debajo de la piel para “ver qué se siente”, o lloró reiteradas veces con la muerte de la mamá de Bambi, puede entender por qué algunas mujeres tienen esa extraña adicción a buscarse relaciones de segunda selección, sólo por el simple placer del masoquismo.
No voy a sacar los pies del plato, porque yo también lo he hecho, también he mirado doscientas veces el celular en busca de un mensaje de texto que no llega, y me he entusiasmado con tipos que me valoraban tanto menos que a su bicicleta. No voy a negar que me he tomado taxis en la mitad de la noche, jurando nunca más volver a ciertas camas y he regresado, contenta de romper esa promesa, a los tres días. También me he sostenido, como un náufrago a una boya, de frases pelotudas como “siento algo por vos, pero no me animo a decirte qué”, o “la verdad, es que no me licuás la cabeza, pero tampoco me sos indiferente”, una colección de paparruchadas sin sentido, pero que en el momento de querer “ser algo de” te sirven.
Para mi la respuesta es que somos una generación que creció con las telenovelas de Andrea del Boca, en las que si no sufrías, no te habías enamorado. Tenías que llorar, y revolcarte en el lodo de la desilusión, el desamor y el abandono para conocer bien de cerca lo que es un verdadero sentimiento apasionado. Eso de ser felices y punto, no contaba.
Por eso, la cosa está en sentirse una porquería por un buen rato, que te maltraten, te esquiven, te usen como a una pantufla y luego, te olviden debajo de la cama, ¡eso está buenísimo! Eso, eso tiene onda.
Que el mismo que antes te asedió a mensajes de texto, correos electrónicos, regalos, invitaciones, llamadas y otros subterfugios de la comunicación ahora desconozca tu número, no te llame ni para saber si te mató el monóxido de carbono de una estufa que quemaba mal, no es tan grave. Siempre aceptamos esas justificaciones fuera de lugar, que sabemos que son tan creíbles como una pelea entre vedettes.
Si en cambio asumiéramos la relación de segunda selección como cuando compramos una prenda fallada, sabiendo que es eso, un pantalón mal cortado, un vestido sin breteles, un par de zapatillas de distinto número o un saco sin botones, todo estaría bien, qué más da. Pero no, no, no. Las mujeres a veces adquirimos esos paquetes como si nos estuviéramos llevando un vestido de Dolce & Gabbana, por unas moneditas nada más, que equivalen a nuestro sufrimiento diario.
Y para peor, lo coronamos con esa frase que nos encanta decir, porque parece que nacimos con tendencia a enarbolar causas perdidas: “ya va a cambiar”. A ver, querida mía, amiguita que ya rozás los 40, y que seguís creyendo en que si frotás la lámpara de Aladino, un geniecillo te salvará del artefacto descompuesto que compraste, te lo voy a decir con todas las letras, en castellano, imprenta y mayúscula: NO VA A CAMBIAR. El que siente algo por vos, te lo dice, el que te quiere, no te hace sufrir. Si querés seguir navegando en el mar de mentiras piadosas en el que decidiste sumergirte, será mejor que te compres unos cuantos ovillos de lana, y comiences a tejer de día y a destejer de noche, como Penélope, esperando el milagro. Y sino, estaría bueno que aceptes que ese personaje que aparece de vez en cuando, no te llama nunca, y te elige para hacer más llevaderos sus domingos a la tarde, no estará dispuesto a acercarte hasta la puerta de tu casa, abrirte la puerta del auto y ofrecerte un pañuelo cuando quieras llorar en su hombro. El que te quiere, no te hace esperar, te lo va a reconocer y punto. Dejemos de engañarnos, en un outlet no hay modelos de colección, a no ser que busques un par de especimenes para llenar tu nutrido insectario. En ese caso, te podés ir gestionando una buena caja de alfileres, y comenzar a pinchárselos en la espalda.

lunes, 16 de agosto de 2010

No devuelvas esa llamada


Además de otras certezas que he ido adquiriendo en la vida (como por ejemplo, que la gente que habla fuerte en los lugares públicos necesita un sopapo, siempre y cuando no sea sorda, o que ningún taxista dice la verdad cuando asegura que no tiene cambio para darte las monedas de tu vuelto) una de mis máximas inquebrantables, es la de no atender el teléfono fuera del horario de trabajo si en el identificador de llamadas aparece un número desconocido. Y de hecho no lo hago.
¿Por qué será que una a veces rompe ciertas reglas, si sabe que va a parar de cabeza en una equivocación irreparable?. No importa. Sea lo que sea que suceda, se merece pagar las consecuencias, por inconsciente. No hay motivo para devolver una llamada perdida si en el identificador de llamados aparece un número nunca visto después de las 23, a no ser que se sienta un fuerte olor a quemado, haya un motín en la cárcel con fuga masiva de presos o el dique Potrerillos acabe de desbordar. Pero mi paranoia familiar -habrá pasado algo, a esta hora, dos llamadas perdidas...- Me empuja a concretar la estupidez, y mientras intento secarme el pelo con el celular en la mano, acciono re-llamar.
(Yo)-"Hola, tengo dos llamadas perdidas de este número, quién es?". Del otro lado, me habla una voz de mujer desorbitada.
(La loca)-"Ah, no sé, usted me está llamando",
Responde, inteligente.
(yo)-"Mire, llamo porque tengo dos llamadas perdidas, y como son las once de la noche, me preocupé". Insisto, intentando una explicación lógica que nunca encontraré.
(la loca)-"Y no sé quien es"
Me dice, perdida.
A esta altura, me quedo callada, esperando una reacción atinada, un motivo suficientemente valedero para que no se despierte en mi ese espíritu asesino que me acompaña desde niña. Ya comienzo a pensar en un secuestro virtual, por lo menos.
(la loca) "Ahhhhhhh" (reacciona) ¿Vos sos Paola Alé? -tengo ganas de insultarla, pero me insulto a mi misma por haber devuelto la llamada-
(yo)"Si"
contesto, monsilábica.
(la loca)- "soy docente, la gente de prensa me dio tu número para que te contara sobre una actividad de protesta por aumento salarial que vamos a hacer el sábado en la mañana"
me quedo callada. Es miércoles, 23.30. Faltan exactamente 78 horas para el sábado en la mañana. La maestra loca debería haberme anunciado que pensaba inmolarse comiéndose dos cajas de tizas frente al ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología de la Nación, o que pensaba secuestrar en masa a sus alumnos de tercer grado, o que la actividad consistía en jugar a la ruleta rusa por plata porque el sueldo no le alcanzaba. Pero no, no. Nada de eso sucedió. Sin embargo, y por esa extraña manía de persistir en el desastre que tengo a veces, me quedo escuchando. Aún mojada y con el secador de pelo en la mano. Quiero ver hasta donde puede una maestra de carne y hueso parecerse a la Noelia de Gasalla.
(la loca) "La protesta consistirá en tres puntos básicos, el primero..." -ya se largaba a darme la nota, miércoles, 23.45.
Mi color de piel: virando entre el azul (congelamiento) y el rojo intenso (ira)
(yo). "No, no, mirá, no te puedo atender a esta hora, no estoy trabajando”
Explico yo, innecesariamente. Sin embargo, hay gente que supone que el periodismo es una actividad similar a la de ser bombero, policía, paramédico o agente de Defensa Civil. Envían mensajes de texto a las 3 de la mañana, deciden qué tenés que escribir y qué no, vaticinan un título o te piden que les envíes la nota antes de publicarla, para que no escribas gansadas. En fin, hay de todo entre los entrevistados. En este caso, la auto-entrevistada docente mal dormida, quería pasarme data de una protesta como si se tratara de un atentado talibán que perpetraría el propio Bin Laden en una salita de dos.
(la loca) "Ah -insiste- es que como vos le diste tu teléfono a (piiiiiiiip) pensamos que te podíamos llamar"
Dice, ¿algo ofendida, acaso?
(yo) "Claro, pero en horario de trabajo"
Contesto intentando controlar lo incontrolable. El tono de voz se me va aflautando. Un poco porque me estoy cagando de frío, y otro poco por la furia en puerta.
La maestra, a esta altura un clon de Noelia, osa en insistir, sin ningún pudor.
(la loca) –Bueno, estoy llamando a todos los medios (lo dice para que no me sienta “la elegida”) y los demás no han tenido problema en contestarme.
Por el grado de desubicación de la loca, supe que si le expresaba todas las frases idiomáticas que equivalen a insulto que se me venían en ese momento a la cabeza, no me la sacaba nunca más de encima. Entonces, tal y como uno desactiva una bomba, o descuelga un panal de abejas de un árbol, quiero decir, con el mismo cuidado, intento disuadirla.
(yo)-Sí, qué gentil de tu parte pasarme los datos, pero justo ahora no tengo con qué escribir. ¿Serías tan amable en atenderme mañana? Te llamo apenas llegue al diario”. Dije, con toda la certeza de que jamás lo haría.
(la loca) –Sí, no hay problema, gracias.
Se conformó. Supe que había domesticado a la bestia.
El episodio desgraciado, me recordó porque no debo traicionarme a mi misma. Por algo una llega a los 35 con algunos conceptos claros. No aceptar citas a ciegas, no irte de vacaciones con desconocidos "para ahorrar", no hacerte cargo de los hijos de otro, no ser amante de tu jefe, no casarte por nada del mundo y por ningún motivo, atender ese maldito e invasivo celular si no registrás el número. Puede que del otro lado te llame Obama para ofrecerte trabajar con él como agente de prensa, o puede ser que te espere la maestra loca, que quiere contarte sus nuevas aventuras salariales, mientras morís de hiportermia, electrocutada o colgada del cable del secador de pelo, en la patética soledad de tu propio baño.

miércoles, 14 de julio de 2010

Todas las familias, la familia


A quién le quepa el poncho, que se lo ponga. Hoy por hoy, mis queridos, la familia ideal no existe. O más bien, lo que nosotros llamamos “familia ideal” es el equivalente a la familia heterosexual, blanca, occidental y de mediados del siglo XX, cuando los modelos mediáticos eran los Campanelli, los Pérez García, los Ingalls. Basta con eso.
Hoy llamamos familia a quienes nos contienen, nos dan amor, la familia es la familia nutricia. De afecto y abrigo. Por favor, dejemos de ser tan estrechos de mente, familia es una mamá sola con sus hijos, familia son dos abuelitos que se hicieron cargo de criar a los nietos, familia es un hermano o hermana mayor que tomó la posta de cuidar a los más chicos, familia son dos papás que adoptaron un niño, dos mamás que van a enfrentar la vida y los prejuicios de ser lesbianas pero que no se amilanan ante esto, familia es una decisión de vida, no un modelo retrógrado de papá y mamá en forma excluyente.
Conozco familias de todos los colores, de todos los formatos, y que no responden al modelo obligatorio que impone un credo para la sociedad en su conjunto. Sin embargo, siguen adelante. Conozco la historia de una mamá lesbiana que está sola con sus hijos. El padre, brilla por su ausencia, la madre tracciona a sangre la casa. Su pareja es más referente de amor para ellos que el padre ausente.
Mi sobrino Tobías, al que quiero con toda el alma, no tiene papá. Vive con la madre y la hermanita. No tiene papá porque un día el padre salió sin casco en una moto, y se mató. Al Tobías lo criamos entre todos, no tiene imagen paterna disponible, y aunque no es fácil, vive y crece igual, al calor del afecto que le damos. No somos perfectos, pero hacemos lo que podemos, y estoy segura que eso cuenta (y mucho) para él.
Tengo una gran amiga que tiene una hija y jamás convivió con el padre. El padre y ella comparten la crianza, la niña vive en distintas casas en igual cantidad de tiempo. Su familia no responde al modelo “papá y mamá” impoluto. Pero esa chica de tres años, es una persona feliz (y se le nota).
Otra amiga, madre soltera. El señor se borró de inmediato al enterarse del embarazo. El hijo fue la noticia menos esperada, pero mejor recibida. Tiene madre, hermana, abuela, y sobre todo, tiene amor. Suficiente.
Podría seguir hasta pasado mañana a las tres de la tarde mencionando casos. Estos chicos se harán grandes, tendrán un lugar donde resguardarse cuando se sientan tristes, cuando pierdan su juguete preferido, tendrán donde curar una frustración, donde reciban sus logros con alegría, donde aprendan a andar en bici sin rueditas, esas cosas importantes de la vida que no se borran jamás de las retinas y del corazón.
Basta con la estrechez de mentes. No le hace bien a una sociedad tan lastimada como la nuestra esto de tener un país dividido por la mitad y en medio, una zanja de prejuicios.
Basta de embanderar la discriminación como un valor en las escuelas, basta porque me da vergüenza. Me gustaría que los chicos que me rodean crezcan despojados de prejuicios. Preferiría que por todo himno, se aprendieran la canción de los Beatles. All you need is love, for ever. Sólo la apertura de mentes nos hará libres, y por lo tanto, felices.

viernes, 28 de mayo de 2010

El mundo visto desde la mesita del café


El periodista cafetinero, o el mundo armado desde la mesita de un café. Así debería titularse este post dedicado a los pseudo profesionales más chantas que haya conocido en mi vida. También se hacen llamar “los instaladores de agenda” y otros adjetivos inventados por sus locas cabecitas corridas del eje de la realidad.
Se trata de seres, en su mayoría hombres, en su mayoría, periodistas, columnistas, redactores, cronistas, relatores, locutores, y otros ejemplares mediáticos, que pululan los cafetines céntricos, -sobre todo los que rodean los edificios públicos – en búsqueda rastrera de información proporcionada casi indefectiblemente por otra plaga, marabunta, germen, liquen, engendro social conocido como operador político.
El cafetinero y el operador político se necesitan los unos a los otros. Se necesitan como el aceite al vinagre. Como el botón al ojal. Como el invierno al chocolate. Sin los unos, los otros no existirían y viceversa.
Pero vayamos al primero. Al cafetinero. Quiero aclarar que para mi, el café es mi segundo hogar, creo que el 45% de mi sueldo se me va a en sobrevivir en cafetines, de lo cual me enorgullezco. Ahí pienso, leo, agendo cosas, armo notas y sueño con emprendimientos que algún día (o nunca) haré. Difícil mente me cruzo con un insecto ponzoñoso de estos cuasi punteros que “venden” información.
El cafetinero piensa que él es el que construye los acontecimientos. Por eso los espera, sentado en su mesita, a que lo vengan a buscar. No pisa la calle más que para llegar al café. No escucha a la gente, no entiende sus problemas, la pobreza la ve reflejada en los diarios y en algunos numeritos que el rey de la opereta política le proporciona. La última vez que concurrió a un piquete, fue cuando estaba haciendo las pasantías en un diario. Ni siquiera tiene una carpetita con ganchos que contiene hojas con una guía alfabética a la que algunos mortales denominamos agenda. ¿Para qué? Si él no llama, no chequea, no consulta! ¡ÉL ES LA NOTICIA!
Como constructor, sería un fracaso, porque sus edificios estarían siempre mal calculados, ya que no visitaría las obras, las calcularía de lejos, desde el café, mientras otro le cuenta qué tal es el terreno. Pero lamentablemente para los lectores y para los otros periodistas, estos muchachos no matan a nadie escribiendo y así es como los diarios, las radios y los canales de TV se ven afectados por sus inventos.
Confían tanto en que el almacenero de noticias le traerá “el pedido” hasta la mesita de café, que muchas, innumerables, cantidades de veces, se come las operaciones más básicas del mundo, que hasta al cafetero le suenan a cuento. Pero él, subido al mástil de su ego, no reconocerá como errores. El hecho ha comenzado a existir tal y como él lo ha planteado, y la sociedad perderá el norte si lo niega. Para él no existe la fe de erratas ni el derecho a réplica. Nunca la pifia, jamás. Morirá en la suya, abrazado al hecho que inventó, diciendo que los demás lo envidian, por eso lo desmienten.
En cuanto al segundo, al encantador de serpientes mediáticas, al flautista de Hammelin de las noticias, al operador político, chicas compañeras de profesión, no se hagan problema. Este personaje no está interesado en operar mujeres. Sólo le dedica el bisturí de los super acontecimientos a los vagos que no se mueven de la mesita, comandados por sus jefes funcionarios, legisladores, asesores, que los envían por los cafetines con su sus cargamentos de novedades puesto que se mueren por aparecer mencionados y fotografiados en sus páginas.
Nosotras tendremos que seguir recorriendo escuelas, hospitales, pasillos legislativos, piquetes, verdulerías, actos, marchas, desfiles, supermercados. Pocas son las que se sientan en la mesita del café de las noticias. Y la verdad, eso es lo que me gusta del periodismo. La calle, la gente, la realidad. Lo que te dicen que les pasa a los demás, es lo que verdaderamente existe. El periodista prestidigitador, que inventa conejitos mediáticos de la galera, no cuenta. La credibilidad también se construye y cae como un castillo de naipes si se abusa del cálculo a través del ojo de los otros.

lunes, 10 de mayo de 2010

Diez actividades que usted puede encarar en lugar de molestar a los gays


Hace algunas semanas vengo soportando estoicamente cómo gran parte de la sociedad, léase viejas con destino incierto, viejos avinagrados por el pasado, señoronas orondas cuya única obligación extracurricular es hacer la cola en Pago Fácil, señores pacatos que practican zapping a escondidas de su esposa para ver de a ratos “Bailando por un Sueño”, mujeres jóvenes con menos onda que un estudio ginecológico, varones de corta edad, pero de prejuicios viejos como la inquisición, y hasta pequeñuelos en la flor de la edad del pavo, opinando, criticando, condenando e inmiscuyéndose lisa y llanamente en la vida privada de los demás. Me refiero, puntualmente, a la facilidad con la que estas personas repudian la posibilidad de matrimonio entre personas del mismo sexo, que se está por sancionar en el Senado de la Nación. Más allá de las posturas filosóficas, antropológicas, religiosas y gastronómicas que cada integrante de la sociedad tenga al respecto, no entiendo cuál es el motivo por el que tanta gente se dedica a opinar sobre lo que los demás hacen o dejan de hacer con su vida privada. Pero no sólo eso. Hay quienes, no conformes con joder al prójimo hablando pelotudeces a mansalva en la televisión y asistiendo a cuánta encuesta callejera intenta abordar el tema, también juntan firmas, hacen campañas públicas, y hasta se arman jurídicamente con el solo objetivo de molestar e irrumpir en la convivencia de otros seres humanos.
Señores y señoras heterosexuales, por convicción o por defecto, ¿Alguna vez tuvieron que padecer que un grupo de homosexuales opinara sobre su vida personal? ¿vieron en alguna oportunidad a un conjunto de gays juntando firmas para que ustedes no pudieran casarse? Los justificativos podrían haber sido, por ejemplo, que el matrimonio entre personas de distinto sexo viene francamente en picada, y que hay tanta violencia familiar, agresiones hacia los hijos y maltrato psicológico entre marido y mujer, que lo mejor es abolir esa unión.
Creo que aquellas personas que se sientan incluidas en ese sector del mundo que no puede resistir la tentación de prejuzgar y de inmiscuirse en la privacidad ajena, enfrenta, principalmente, un inconveniente en su vida: Está muy al pedo. Esa es la conclusión a la que he llegado después de mucho reflexionar, y por cierto, no concibo que de otra manera tenga tiempo de encarar semejante empresa sin gracia.
Por eso, y porque quizás necesiten ayuda, me he atrevido a confeccionar una lista de actividades que pueden realizar en lugar de estar metiendo sus aburridas narices en la vida de los demás. Las sugerencias son generales, debido a la imposibilidad de encasillar en una edad determinada la calidad discriminadora del ciudadano o ciudadana en cuestión.

Lista de actividades sugeridas para realizar en esos momentos en los que le dan ganas de meter la cuchara en la existencia de otro u otra

1)- Realice un City tour por la Ciudad. En Mendoza, tiene la opción de conocer bodegas, y hacer un paseo por alta montaña por sólo 40 pesos, ¡qué económica opción para no convertirse en un chismoso/a insportable!

2)- Encare un curso de huerta orgánica. Para usted, que debe aprender a meterse en lo suyo, nada mejor que atender su propia huerta. El Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) le proporciona cursos gratuitos para aprender a cultivar y autoabastecerse. He aquí un link para que evacuar sus dudas.
http://www.imperiorural.com.ar/imperio/INTA/pro_huerta/prohuerta_index.htm

3)- Hágase socio de una biblioteca. En Mendoza, una opción excelente es la General San Martín, pero en cada ciudad, departamento, partido o localidad existe un servicio comunitario de lectura. Esta actividad es ideal para personas a las que les vendría muy bien abrir la mente, o bien, mantener la boca cerrada. Para ambos objetivos, la lectura es fundamental. Para asociarse a la Biblioteca General San Martín, los requisitos son: ser mayor de 18 años y aportar fotocopia de las dos primeras páginas del DNI y un impuesto para certificar el domicilio (no vale la cuenta del teléfono ni el abono del cable).

4)- Aprenda a bajar películas de internet. La actividad es mas o menos ilegal, pero es preferible eso a que se entretenga estorbando en donde no lo llaman. Consulte en Taringa!, el blog de fanático, o pruebe con el programa Ares. Si no le sale en el primer intento, insista. Usted puede.

5)- Anótese como voluntario/a en Médico sin Fronteras. Se va a sentir tan útil que nunca más volverá a recordar cómo era estar totalmente al pedo como durante ese mes de mayo del 2010, en el que se dedicó a opinar sin aportarle nada al género humano.
http://www.medicossinfronteras.org.mx/web/index.php?id_pag=120

6)- Ayude a los pingüinos patagónicos. Si tiene suerte, quizás Greenpeace lo convoque para una marcha como esta http://www.greenpeace.org/argentina/fotos-y-videos/fotos/mas-de-40-activistas-caracteri-4

7)- Asista a un día de Spa. En Mendoza, una de las mejores opciones para relajarse y dejar de jorobar a los demás que no tienen la culpa de lo hincha pelota que usted es, consiste en tomarse un bondi y descender al pie de la montaña, en las termas de Cacheuta. El paseo puede costar hasta 250 pesos, pero si de su salud mental (y de la del resto de los mortales) se trata, vale la pena.

8)- Arme rompecabezas. Una opción lúdica para que construya algo mejor que un prejuicio pelotudo. Hasta hay clubes de armadores de rompecabezas. http://www.caminoajesus.com/clubr/index.htm

9)- Arme su árbol genealógico. En internet tiene opciones gratuitas. Esta actividad le facilitará ubicar en qué generación comenzó a asomarse la pelotudez en su familia, hasta llegar al paroxismo, encarnado en su propia imagen. Ubicar el cromosoma culpable de la boludez, quizás sea una forma de comenzar a combatirlo.
www.plusgenealogia.com

10)- Tenga una mascota como la mía, ovejero alemán de pelo largo. El tiempo que le insumirá limpiar el patio cada seis meses, cuando cambia el pelaje, no le dejará ganas de encarar ninguna otra empresa exasperante. Por lo tanto los gays estarán a salvo de sus prejuicios al menos durante 60 días al año.

Si ninguna de estas opciones le viene bien, pruebe con desarmar el control remoto y volver a armarlo, sacarle punta a todos los lápices que tenga en su casa, hacerse un baño de crema con aceite de oliva o aprender danza afroamericana. Cualquier asunto que no implique irrumpir en la existencia de un tercero como un completo asaltante de la vida privada. El mundo recuperará su equilibrio el día en que esto así suceda.

viernes, 30 de abril de 2010

Llamado a la reflexión para la amante de Mr Músculo


Gracias Mr Músculo! Dice una mujer cuasi enamorada del anti héroe abrasivo.
De nada! Debo irme! Contesta él, e inmediatamente se hace humo.
La reina del hogar le da las gracias al super héroe de la limpieza difícil por facilitarle la vida. A ver, niña criada por los estereotipos de la década del 30’, mujer atiborrada de revistas del corazón, amiga ama de casa a quien se le clava el control remoto en el canal utilísima, emperatriz de puntos y puntadas… Explicame, por una vez en la vida, por qué le das gracias a Mr Músculo.
Ese super héroe, chiquita mía que te ponías contenta cuando los tres reyes magos te traían de regalo una planchita de juguete (obvio, eran tres hombres, y encima árabes! Más machistas imposible) no viene a solucionarte la vida, no viene a ayudarte, no viene a traer una hora de libertad más a tu relegada existencia de tallerista de la cotidianeidad. VIENE A APORTAR UNA GOTA MÁS DE LIMPIADOR LÍQUIDO A TU ESCLAVITUD DOMÉSTICA!
Gracias se le dice a un señor que con toda buena voluntad, se arremanga, sin que eso signifique quitarle ni un atisbo de hombría a su musculosa personalidad, y te ayuda a limpiar tu casa!
¿Pero yo estoy loca, o la machista recalcitrante publicidad de limpiador te está calificando de limpiadora por excelencia y vos, chocha de la vida, encima se lo agradecés?
Niña, despierta!!!!! Tira esa deshonrosa planchita rosada, que atesoras desde niña, y proporciona una generosa patada en el traste a ese papelonero super héroe. La próxima vez que lo veas irrumpir en tu casa, promocionando un novedoso producto de limpieza para ampliar tu libertad, decile que lo pruebe en su propio baño, no sin antes haberlo mandado muy a cagar, con todo el corazón, de mi parte.

viernes, 9 de abril de 2010

Propuesta indecente


Se estaba por terminar su relación. La chica estaba desesperada porque no podía pagar las cuentas. El muchacho, bastante mayor que ella, tenía dificultades para anclarse en la realidad. Tanto, que la propuesta para salir de la desesperante situación económica en la que se encontraban, fue más allá de lo que uno puede reconocer como ficción.
"¿Y si nos ponemos un criadero de perros salchichas en el patio?" -propuso él, creativo-
Ella, sin dudarlo más, le pidió el divorcio.